Vamos a empezar por definir ¿Qué es educar?
El concepto etimológico ve el proceso educativo con un carácter de interioridad: Educar es evolución de dentro a afuera; las voces latinas ex y duco apuntan a la potencialidad interna del hombre, que la educación ha de actuar y de hacer aflorar al exterior.
El concepto científico considera los anteriores, pero la idea más frecuente es la de perfeccionamiento en cuanto a la formación, obtención del fin, despliegue de las potencialidades, acrecentamiento de los recursos del ser, organización de ideas, hábitos o tendencias, e influencia de los factores externos en el desenvolvimiento natural del hombre.
¿Para qué educar?
La educación es fundamental para la formación integral de nuestros hijos, pero no sólo en el sentido de llenar cerebros de información, ciencia o tecnología, sino en el sentido de formar a través de una educación para la vida, en la cual se manejen tanto conocimientos como actitudes, valores, principios, creencias y convicciones, las cuales llevarán a nuestros hijos a ser hombres y mujeres de bien, capaces de formar a futuro una familia estable, y que como consecuencia, esto ayude a forjar una sociedad en la que predominen la paz y las buenas costumbres. Así, a través de una verdadera educación, es como podemos ayudar a nuestros hijos a tener una vida plena y trascendente; es por eso que: “La educación para nuestros hijos es la mejor herencia que les podemos dejar”.
Tratando de hacerlo más sencillo, tomamos este verbo como punto de partida de una idea que indirectamente hemos planteado y que se refiere a la formación de los hijos. Educar a nuestros hijos será pues ayudarlos a “hacerse”, a “tomar forma” como seres humanos, desarrollando todo aquello que deseamos para ellos: seguridad, confianza, afecto, paz interior, amor propio, consideración a los demás, felicidad, responsabilidad, servicio, etc.; es ejercitar, desarrollar y fortalecer todos sus aspectos físicos, intelectuales, afectivos, espirituales y sociales. El reto de nosotros como padres está en lograr que esas buenas intenciones se conviertan en acciones que se traduzcan en resultados positivos, es decir, en beneficios para el desarrollo de los hijos y el bienestar familiar.
Los valores no se aprenden con sermones, se aprenden con el ejemplo. ACTIVIDAD 1; de acuerdo con lo leído ¿qué es educar?
actividad 2; escriba 5 actitudes de padre que deba tener con sus hijos.
